sábado, 9 de enero de 2016

Austeridad

Decir que la excesiva Deuda Pública ha causado la crisis, es confundir causa con consecuencia.  Establecer que el incremento de la deuda de los países a partir del 2007 se debe a los derrochadores y gastosos estados, es establecer una mentira como excusa para el establecimiento generalizado del dogma de la Austeridad, que acabe con el estado del bienestar.

La deuda pública se ha incrementado básicamente para salvar al sistema financiero y por la merma de los ingresos públicos provocada por la crisis, tanto en los Estados Unidos como en Europa. Antes del 2007 las deudas de los PIGS estaban estabilizadas en niveles bajos y hasta en claro decremento, como es el caso de España, que hasta el 2008 tenía superávit. Por lo tanto, que quede absolutamente claro que nunca ha habido orgía del gasto público generalizado, y éste no ha sido el causante de la crisis. El caso de Grecia es una total excepción. A modo de ejemplo, en 2007 España tenía una deuda pública neta del 26% del PIB e Irlanda del 12%, mientras que Alemania lo tenía del 50%.

Lo que realmente ha ocurrido es: primero una crisis del sistema financiero y luego, y como consecuencia de ésta, una crisis de la deuda soberana. El coste del recate y recapitalización del sistema financiero ha sido de 13 billones de dólares, según un estudio del Instituto B. Markets, y ha sido sufragado por los balances de los Estados. Provocando un incremento medio de la deuda pública en los países afectados por la crisis de entre un 40 y 50%. Nos quieren hacer ver lo contrario, con el simple objetivo de que los causantes de la crisis no tengan que pagarla.

La actual crisis es antes que nada una crisis del sector privado, que se ha trasladado al sector público al acudir este último al rescate del anterior.

Pero nos han hecho ver lo contrario, estableciendo la falacia de que la crisis está provocada por los altos niveles de endeudamiento de los Estados, para establecer como única receta posible el establecimiento de políticas de reducción del gasto, es decir, Austeridad. Logrando así que al final el coste del recate del sector financiero lo asuma la población.

Como indica Mark Blyth, al que me referiré en varias ocasiones en este artículo,”…lo que nos hace pasar como una crisis provocada por la mala práctica del sector público, resulta ser, en su núcleo mismo, un problema casi enteramente debido a las malas prácticas del sector privado, y más concretamente del sector financiero.”.

La regla de oro del liberalismo y el neoliberalismo, es que el Estado es ineficiente y derrochador de recursos por lo que no debe intervenir en la economía, dado que el mercado es totalmente eficiente y se regula sólo. Ahora, eso sí, pero cuando el sistema financiero, es decir, el mercado financiero, hizo aguas, obligaron al Estado a rescatarlos. Tal regla de oro se viene demostrando históricamente que es totalmente falsa y además es la causa de las grandes crisis económicas de éste siglo y del siglo pasado. La Teoría de la Austeridad no es más que una herramienta más del Liberalismo, que tanto daño hizo en el pasado a las economías que la sufrieron, y que ha retomado el neoliberalismo en nuestros días.

Esta idea esencial del liberalismo de oposición entre Estado y Mercado; tiene una justificación en sus orígenes en la época del absolutismo. En esa época no existían estados democráticos como los conocemos hoy. El Estado era un Rey de poder absoluto, despótico y derrochador. Pero esa idea ha quedado arcaica, no se corresponde con los Estados de finales del XIX, ni del XX y menos con los del XXI. Desde principios del siglo XX se ha demostrado que esa idea es errónea, pero los liberales, en un principio y los neoliberales después, la han seguido aplicando, defendiendo y justificando hasta la actualidad, aunque los resultados de la aplicación de sus políticas basadas en esa idea hayan sido desastrosos.

La escuela austriaca en el siglo XX, con Schumpeter como uno de sus máximos exponentes, siguió ahondando en la misma tesitura. Sus postulados establecían que la mejor forma de defender el capitalismo era apartar al Estado de cualquier papel en el ámbito económico. Dado que las intervenciones del Estado no podían modificar las actuaciones del Mercado a Largo Plazo, toda intervención del mismo era perjudicial, siendo éste el origen de los ciclos económicos. Por lo que los Mercados serán entidades estables sino se intervenían en ellos, dado que el Estado era la fuente de toda inestabilidad.

A principios de los años 30 del siglo pasado, los seguidores de la Escuela Austriaca en los E.E.U.U. convencieron al presidente Hoover de establecer políticas liberales, entre las que estaban enmarcadas políticas de Austeridad, para atajar las grave crisis que surgió tras el Crack del 29, con el objetivo de restaurar las confianza empresarial. La consecuencias de la aplicación de tales recetas fue la mayor depresión económica que conocieran los estadounidenses.

Establecieron el lema, hoy conocido como Ley de Fomento de la Oferta, en la que el crecimiento económico se consigue a través de un libre comercio absoluto y presupuestos públicos equilibrados, dado que sólo así se consigue la confianza empresarial que fomente el desarrollo económico. Esta formula ha pasado invariable a través de los tiempos. Y eso que ha dado resultados negativos, sobre todo en tiempos de crisis. Hasta que en los años 40 no se empezaron a implantar políticas de corte keynesiano, no se empezó a salir de la crisis.

Gracias a las Políticas Keynesianas se acabo con la crisis y se estableció un fuerte crecimiento económico tanto en los EEUU como en Europa. Keynes estableció: “El consumo es el único fin y objetivo de la actividad económica”, por lo que es el único medio para salir de la crisis. En su “Teoría General del Empleo, el interés y el dinero” demostró que el incremento del ahorro no siempre implica aumento de la inversión, pero si implica siempre bajada del consumo, y esto último lleva consigo bajada de la demanda y, por lo tanto, contracción económica. A través de la que hoy en día llamamos Teoría del Fomento de la Demanda, estableció que el Estado debía intervenir en la economía provocando un aumento de la producción y los precios, que aumentaran los beneficios, que provocara un aumento de los asalariados, descendiendo así el desempleo y aumentando el consumo. Demostró que es el consumo lo que da perspectivas positivas a los inversores y no los presupuestos equilibrados del Estado. Estableció que la confianza es uno de los efectos del crecimiento y no su causa.

Los éxitos de las políticas keynesianas relegaron a las políticas Liberales al ostracismo hasta la Crisis Estructural de los años 70. Dado que esta crisis fue la oportunidad para el resurgir de las teorías liberales y neoliberales, a través de la Teoría Monetarista.

La Teoría Monetarista establece una serie de principios, de los aquí quiero hacer mención a algunos: determina que el Mercado es totalmente eficiente y se autoregula, por lo que es la intervención del Estado lo que provoca las crisis y distorsiones. Se establece que los Bancos Centrales deben ser independientes y no tener relación con el poder político. Y establece que el desempleo existe debido a los salarios vigentes dado que es voluntario. Los dos primeros sean demostrado empíricamente e históricamente que son falsos, y el último, no es que sea falso, es que es insultante.

Esas teorías aplicadas durante los 70, 80 y 90 son el germen de la crisis del 2007, con sus liberaciones del mercado, sobre todo el financiero, sus bajadas de impuestos, etc…

Quiero reflejar aquí lo que decía el economista Albert Hirschman: “Si comprobamos que alguien repite una y otra vez los mismos argumentos, sin introducir en ellos ninguna modificación, durante 300 años, resultaría extremadamente sensato recelar de esa argumentación y mantenerla en cuarentena”.

El caso de Alemania es un caso único por sus características y su situación. Y por ello voy a hacer una mención especial. Por el simple hecho de que es la excepción que confirma la regla. Quiero expresar ante todo mi admiración por el pueblo alemán, no por sus dirigentes por su puesto, que supieron levantar una nación tras dos guerras que la devastaron por completo.

De la crisis de entreguerras y de la crisis institucional del postnacismo surgen los principios del Capitalismo Renano, o Capitalismo Social o Economía Social de Mercado, que aunque defendían valores: como que el Estado debe establecer las normas en las que debe moverse el mercado, también favorecer una estructura económica para la satisfacción de las necesidades sociales, favoreciendo la competitividad y evitando los monopolios y oligopolios; también defendían que recurrir al Gasto Público es un abuso del Estado, sólo ahorrar e invertir es el lema. Siguen creyendo que el crecimiento se provoca por el lado de la oferta (ahorro e inversión) y no por el de la demanda (consumo).

Su mayor defensor y precursor fue Ludwing Erhard, el cual fue Ministro de Economía de Alemania entre los años 1949 y 1963 y Canciller desde el 1963 hasta el 1966. Se le considera el artífice del “Milagro Económico Alemán”.

Pero se podrían decir varias cosas con respecto al Milagro Alemán, conseguido a través de políticas de Austeridad, pero sólo voy a comentar la que nos atañe hasta nuestros días. Y es que Alemania logro éxito porque el resto de países no aplicaron ese mismo tipo de políticas, recordemos que el resto aplicaban políticas de corte Keynesiano. Debido a que si el resto también hubiesen sido austeros, ¿a quien hubiese a exportado Alemania sus productos?,¿cómo hubiese logrado convertirse una nación netamente exportadora?.

Quiero hacerme eco, yo también, de lo que el Sr. Martín Wolf, Jefe de Economía del Financial Times, mencionó en nuestros días: “¿Hemos de suponer que todo el mundo ha de lograr superávit en cuenta corriente?. Y en caso de que así sea, ¿quién pensamos que nos va a financiar esos excedentes?,¿los marcianos?. Y si lo que todo el mundo quiere es tratar de instalarse en una situación de superávit del ahorro, ¿qué otra cosa podría resultar de ese empeño sino la instauración de una depresión global permanente?.”

Otro de los casos de éxito de la austeridad es en Canadá, pero nos encontramos de nuevo con un país de carácter exportador con un potente cliente como es los Estados Unidos, por lo que así compensaba la contracción que le causaban dicha políticas.

En conclusión no ha habido ni una sola vez en la historia que la Austeridad haya logrado lo que se proponía, crecimiento económico. Sólo en determinados países y bajo determinadas circunstancias, es decir, que tuvieron crecimiento a pesar de la austeridad. Como bien nos recuerda Joseph Stiglitz, que además de Premio Nobel de Economía fue economista jefe del Banco Mundial y ex vicepresidente del mismo, y actualmente profesor de la Universidad de Columbia, “las Políticas de Austeridad fracasaron en Asia en los 90, en Latinoamérica en el 2001 y de nuevo hoy en Europa”.

Entonces, ¿por qué ahora hay crecimiento económico en España, por ejemplo, si estamos inmersos en políticas de austeridad?. Por la simple coyuntura: precios bajos, salarios bajos, petróleo bajo, bajos tipos de interés, bajos precios de las materias primas, crecimiento en las exportaciones etc… Es decir tenemos crecimiento a pesar de la austeridad. Pero ese crecimiento ¿es igual o desigual?. Es totalmente desigual; las rentas del trabajo siguen estancadas o en claro retroceso mientras de las del capital siguen creciendo. Ello implica mayor desigualdad. El paro sigue en porcentajes inaceptables y eso que gran cantidad de parados han emigrado. Es decir ese crecimiento del que tanto se pavonean unos, es solo para unos cuantos y no para la mayoría que continúan en la precariedad y la depresión económica.

En España, por terminar con el caso español, no podemos estar tranquilos con nuestra situación: cuando la mayoría de los ciudadanos han perdido estabilidad laboral, poder adquisitivo y nivel salarial, cuando tenemos un 23% de paro, el número de ocupados es  de 104.000 menos que hace 4 años, y el nivel desempleo juvenil es de un escandaloso 50%,  cuando la calidad del empleo que se está creando es baja y precaria,  y cuando la deuda pública sigue aumentando pese al esfuerzo de la austeridad.

El crecimiento económico que ahora sufrimos, me atrevería a decir que es tan sólo un espejismo. Dado que, como ya vengo diciendo en artículos anteriores, no se han sentado las bases para que la crisis no vuelva a empeorar, seguimos cometiendo los mismos errores, como si no hubiésemos aprendido del pasado. No se ha realizado esa reforma del capitalismo que defendían Obama y Sarkozy en el año 2009. No se ha cambiado el sistema productivo, ni se ha reformado el sistema financiero, ni eliminado los paraísos fiscales. Lo único que se ha hecho es aplicar políticas de recorte y austeridad, que han sumido a la población en 8 años de dura crisis, despojándola de derechos sociales y laborales, mermando seriamente el estado del bienestar

Pero, como vengo repitiendo desde hace años, otra política económica es posible. En los círculos económicos, más críticos con la situación actual, suenan con fuerza las siguientes cuatro medidas, como de inaplazable aplicación para salir de la crisis de forma globalizada y homogénea:

-         - Revertir las políticas de austeridad.

-       - Mutualizar la deuda en la UE, acabando así con la prima de riesgo y la especulación en torno a la deuda pública.

-       - Reforma del sistema financiero que lo dote de transparencia y estabilidad. Con controles que eviten errores del pasado. Y con un mecanismo de toma de decisiones común en la UE.

-       - Eliminación de los paraísos fiscales, en los que actualmente hay 32 billones de dólares, según James Henry de “Red para la Justicia Social”.

-      - Establecimiento de mayor justicia fiscal. Mayores cargas impositivas a las rentas más altas. Se lograría así reducir la deuda a costa de los que más ganan y no de los que menos. Además de ser un acto de justicia social. Mark Blyth, firme defensor de esta idea, nos refiere varios estudios que reflejan que ello tendría importantes beneficios para la economía; como el hecho por un grupo de economistas alemanes que estiman que estableciendo un único impuesto del 10% sobre todo patrimonio personal neto mayor a 250.000 euros, se podría recaudar una cifra de aproximadamente un 9% del PIB de Alemania. También nos refiere a otro, de carácter más extremo, de Peter Diamond del MIT (Massachusetts Institute of Technology) y Emanuel Sáez de la Universidad de Berkeley, que si se implantara un impuesto de más del 80% de la renta, al 1% de la población más rica no generaría una bajada en la recaudación, indicando que dichos tipos además de elevados debería ser crecientes.

Quiero reseñar ésta última medida porque sería de vital importancia para la reducción de la deuda pública. Dado que el impago de la misma traería peores consecuencias de las que está trayendo la austeridad.

En resumen, la crisis del sector financiero y las políticas de austeridad nos han llevado a la situación en la que nos encontramos y no otros factores que nos quieren inculcar. No por mucho repetir una mentira se convierte en verdad.


Que no nos engañen los actuales cantos de sirena, la solución a la crisis no pasa ni ha pasado nunca por la austeridad.

martes, 21 de julio de 2015

Breve reflexión sobre la situación actual en Grecia

El tema Grecia está siendo un recurrente estable en los medios de comunicación en los últimos tiempos. Y no sólo por su gran crisis financiera y económica, cuya bancarrota depende de los préstamos provenientes de la UE y el FMI, sino por que desde hace unos meses los gobierna un partido político nuevo, generador de grandes esperanzas en sus país, que ha plantado cara a la UE y a su Troika, en las negociaciones de las nuevas económicas a aplicar en Grecia para que le sigan llegando préstamos que doten al Estado de liquidez. Pero que al final no ha logrado nada de lo prometido.


Negociaciones que se han llevado a la extenuación, con gravísimos errores por ambas partes. Los órdagos realizados por el gobierno griego denotan inexperiencia y infravaloración del adversario y de la situación de Grecia. Y la tozudez de Europa, con el Ministro de Economía alemán, el Sr. Wolfgang Schäuble, a la cabeza, demuestran poca preocupación por las consecuencias tanto para la Unión Europea como para Grecia.

Bajo mi punto de vista, parece más una pelea de patio de colegio, que una negociación seria entre estadistas responsables. Intuyo que a la fuerza y al poder de la Diplomacia, que tantos frutos ha dado y sigue dando, veamos el caso de EEUU y Cuba, se la ha apartado de tal forma que no ha aparecido y si ha estado nadie la ha visto o no la ha querido ver.

Estoy totalmente de acuerdo con que Grecia necesita de profundas reformas. Su sistema fiscal es un absoluto caos y totalmente ineficiente, su sector público esta sobredimensionado,  su sector industrial inexistente, la deuda pública asciende al 177% del PIB y posee altos niveles de corrupción.



Pero, si aquí y ahora nos situamos en un punto totalmente egoísta y nos preocupamos desde la UE y el FMI sólo en recuperar el dinero prestado a Grecia, es totalmente de locos las medidas impuestas y que el nuevo gobierno se ha visto obligado a aceptar, aunque en un referéndum de días anteriores el pueblo griego dijera “No”, apoyado por el partido en el Gobierno y éste mismo, a medidas aun más laxas que, al final, las que tuvo que aceptar Tsipras. Y aun más de locos es si pensamos en la recuperación económica de Grecia y su estabilidad política, y ojo a ésta última porque nos debería preocupar.

Ese paquete de medidas basadas en las políticas de austeridad, tan del gusto de la señora Merckel, va a provocar por terminar de matar al enfermo. O realizamos políticas de reforma junto con políticas de crecimiento que haga que Grecia crezca económicamente o no conseguiremos nada. Ya se ha perdido mucho dinero en políticas de austeridad en Grecia y la situación, sigue como sigue, al borde del abismo. Es hora de que parte de ese dinero se de por perdido, la famosa quita, y que se realicen políticas de estímulo de la economía.

El problema al que nos enfrentamos en Europa y en Grecia no sólo es de índole económica sino también de índole social. Cuando una sociedad esta asfixiada, sometida y oprimida; siempre va a tratar de encontrar una solución, de eso no nos cabe duda, pero la historia nos enseña que esas soluciones no siempre han llevado a buen puerto. Y los alemanes lo saben mejor que nadie. Por eso ruego lean el libro de Sir John M. Keynes, “Las consecuencias económicas de la Paz”, escrito en el año 1919. Este afamado economista, fue el representante británico en las negociaciones del “Tratado de Versalles”(1919). En este libro advierte de las desastrosas consecuencias que dicho tratado tendría para la economía alemana y la economía mundial. Además de no equivocarse, esas consecuencias nefastas para Alemania fueron el germen del Tercer Reich.



Por todo ello, sin exculpar a Grecia de culpa alguna tanto en el origen, como en la terminación de esta crisis y su proceso, se debe reflexionar sobre si el camino elegido por ambas partes es el más correcto. O ¿si no sería mejor una quita de deuda, dado que es totalmente impagable, y una aplicación de medidas económicas de reforma y de crecimiento, que provoque un crecimiento económico en Grecia, ya que está es la única forma que de que los acreedores recuperen su dinero y que ésta salga del pozo en el que anda hundida?.

viernes, 31 de octubre de 2014

Desigualdad galopante

La consecuencia más importante de la crisis actual es el fuerte incremento de la desigualdad. Siendo en España histórico, el mayor desde que están registrados los ingresos de los hogares. Tenemos el mayor aumento de todos los países de la UE, lo que nos coloca como el segundo en desigualdad en el ranking de países europeos, sólo por detrás de Letonia.

Ello derivado de la caída del empleo, la bajada de salarios, disminución de la pensiones, el gran aumento de la precariedad laboral, las bajadas o eliminación de subsidios, recortes en sanidad y educación; que ha sido provocado por el coctel explosivo de crisis y Políticas de Austeridad.


Con todo ello nos hemos cargado la clase media. Ésta es de vital importancia para el consumo, ya que posee el 70% del poder de compra. Por lo que para que una economía crezca y sea estable se necesita de una clase media fuerte. Pero al debilitarla totalmente  hemos provocado que el ciclo vicioso de la riqueza se haya invertido. Estalló la burbuja y el crédito se estancó, los beneficios de la empresas se redujeron, los sueldos se redujeron, aumentó el desempleo, el consumo se desplomó, los beneficios empresariales se redujeron o entraron en pérdidas, cerraron muchas empresas, siguió aumentando el desempleo, siguieron bajándolos sueldos, siguió bajando el consumo, y las recaudaciones de impuestos se redujeron, aumentaron los recortes presupuestarios de la administración y la reducción de derechos y protecciones sociales, y en definitiva se incrementó la desigualdad.

Parémonos a pensar en éste modelo y veremos que la solución es fácil. Si logramos invertir de nuevo el circulo vicioso de la riqueza lograremos una solución radical y definitiva a la crisis. Y ello se logra aplicando políticas económicas que favorezcan que exista más clase media y así se favorecerá al consumo. Esas políticas son ni mas ni menos las que venimos recomendando desde que se inició la crisis hace ya mas de 7 años y que aún estamos esperando.  Si se hubiesen implantado políticas de estimulo de la demanda, de corte keynesiano, como incremento de la inversión publica, aumento de las ayudas sociales, blindaje de la deuda ante los especuladores… hubiésemos estimulado la demanda de la clase media que hubiera provocado un aumento del consumo, que lograría un incremento de los beneficios empresariales y salarios, que su vez incrementaría las recaudaciones de impuestos que nos hubiera servido para pagar la deuda, y fin de la crisis.

Pero hemos seguido con políticas de austeridad que han destrozado a la clase media disminuyéndola en grado sumo y suprimiendo su poder de compra. Que sin duda ha ayudado a agravar aún más la crisis.

Los salarios están estancados desde los años 80 con respecto a los precios que siguen subiendo. El consumo medio se ha mantenido en el tiempo gracias al crédito. La clase media en esta última década ha podido mantener su nivel de vida gracias a los créditos y sus bajos tipos de interés y no gracias al aumento de sus salarios. En 1977 las rentas del trabajo eran un 67,3% del PIB, en 2012 eran tan sólo de un 53,4%, ésto evidencia un aumento imparable de las rentas del capital respecto a las del trabajo. Los beneficios empresariales no paran de crecer, hasta en épocas de crisis, mientras que los salarios de los trabajadores no paran de bajar. Desde el 2008 los beneficios empresariales han aumentado un 2,7% y los salarios de los trabajadores han bajado un 6,2%.

Estamos asistiendo a un cambio histórico en el modelo social con la desaparición de la clase media y la polarización de las clases en alta (minoritaria) y en baja (mayoritaria). Característica ésta de los países subdesarrollados, que conlleva un grave peligro de conflictividad social.


A partir de los años 80 hemos asistido a una serie políticas neoliberales que han liberalizado la circulación de capitales, facultado la integración de mercados financieros, aumentado la facilidad de las operaciones internacionales de mercancías y capitales, permitido la existencia y aumento de los paraísos fiscales, y establecido recortes en impuestos y prestaciones sociales.

Todo ello ha provocado un incremento del empobrecimiento social y aumento de la desigualdad, que ha derivado en un cambio profundo de las estructuras de las sociedades y del modelo social. Caracterizado por una polarización  de las estructura social entre los más tienen y los que menos tienen.

El índice GINI, que mide la desigualdad, nos indica que ésta ha aumentado en casi un 10%. Se ha producido un empobrecimiento brutal de las familias más pobres y una mejora sustancial entre las más ricas. Es más ese incremento del índice Gini en España ha sido el mayor de los 27 países de la UE con total ventaja sobre el segundo clasificado.

Así queda revelado que estamos asistiendo a un cambio del modelo social y la estructura social, que rompe por completo con la cohesión social y estado del bienestar. Atacando de lleno al crecimiento económico, hundiéndolo sin perspectiva de mejora.

Por lo que se hace necesario, más temprano que tarde, políticas económicas expansivas, políticas fiscales redistributivas y eficientes y políticas de cohesión social. Y que abandonemos de una vez por todas la senda de la austeridad que tan sólo nos lleva al abismo de la miseria y el conflicto social. Y además y sobre todo, por justicia universal, dado que los que no provocaron la crisis son las únicas víctimas de las políticas de austeridad que se han implantado, empobreciéndolos aun más, y que enriquece a los que la provocaron.

Los trabajadores por cuenta ajena son el 80% de la fuerza laboral de los países europeos. En el reparto de la tarta del Valor Añadido, es decir, de las ganancias o riqueza generada, en las épocas mejores del estado del bienestar, años 50-60 y hasta 70, consiguieron entre un 50% y un 60% según el país. Pero a partir de las políticas neoliberales implantadas en los años 80, los trabajadores empezaron a perder peso en ese reparto del Valor Añadido en beneficio de los propietarios del capital. Al reducirse los ingresos de los asalariados, los ingresos públicos también se vieron menguados. Así los países empezaron a necesitar de un mayor endeudamiento. No pasemos por alto que con ello también salían beneficiados los propietarios del capital y sobre todo el gran capital, dado que ellos, en definitiva, son los prestamistas de los gobiernos. Si ha ello añadimos la reciente crisis de deuda del 2009 que prosiguió a la crisis financiera del 2007, vemos que de aquellos barros vienen estos lodos. Ejemplo de ello es que a todos no les va igual, como podemos ver en el siguiente dato: desde el año 2007 los desempleados han aumentado en 8 millones y los pobres en 2 millones en la UE, así como el número de millonarios ha aumentado en 300.000 personas.

Hay 25.000 millonarios en la UE que tienen más de 30 millones de euros de riqueza financiera, tanto como el PIB español en 8 años. Si se introdujera un impuesto que gravara la riqueza en tan solo un 5%, la UE lograría unos ingresos de 388.000 millones de €uros, más que la dotación de Fondos Estructurales presupuestados para el periodo 2014-2020 por la UE que es de 310.000 millones de euros.

Quiero señalar, aunque ya lo he mencionado indirectamente, que otro factor importante del aumento de la desigualdad es la menor capacidad redistributiva del Estado. Debido fundamentalmente a una bajada de los tipos impositivos en las escalas más altas, bajada en las prestaciones sociales, las cuales ya las teníamos muy por debajo de la media europea.

Como ya mencioné al principio, España está viviendo actualmente los mayores aumentos de desigualdad desde que se tienen registrados los ingresos de los hogares, siendo los primeros de la UE. Y ello se manifiesta por: el desplome de las rentas más bajas, produciendo un incremento atroz de la pobreza severa; incremento del número de hogares sin ningún tipo de ingresos, el cual se ha duplicado pasando de un 17% en 2007 a un 3´5% en 2012.; el desempleo ha afectado en mayor medida a las rentas más bajas, con escasos niveles formativos; las medidas de austeridad han afectado a las rentas medias y bajas y en ningún caso a las más altas. Para rescatar a los culpables de la crisis hemos empobrecido a las victimas. Se ha rescatado al sistema financiero asignando la carga del rescate a los más débiles de la pirámide: trabajadores, pequeños autónomos, pensionistas, parados…

Se ha institucionalizado el lema “socialización de las pérdidas y privatización de las ganancias”. La deuda está originada en el rescate al sector financiero y no en el gasto social. No olvidemos que el Estado antes de la crisis del 2007 tenía superávit.

No me gustaría pasar por alto otra circunstancia de la que tanto se viene hablando en nuestro país, pero en la que nada se hace por parte de nuestros gobiernos. Y es el cambio del modelo productivo. El Modelo Productivo en España en éstas últimas décadas ha sido un modelo desindustrializador, que ha apostado, creando los estímulos necesarios para ello, por sectores de ganancias rápidas y de empleo precario. Y ello ha provocado que la crisis actúe más acentuadamente en nuestro país.

Por último, quisiera incidir en un asunto que vengo reflejando en mis artículos, que es la oportunidad histórica  y aprovechada con creces por el Gran  Capital de acabar con el Estado del Bienestar. El Gran Capital, que fue el que provocó la crisis, va a salir, si algún día salimos, indemne de la misma, en base a los trabajadores. Y además socializamos sus pérdidas por la crisis, pagándolas entre todos; nos destruye el estado del bienestar y los derechos de los trabajadores y los desfavorecidos con la Reforma Laboral y las políticas de recortes; aumenta el nivel de desigualdad de la sociedad, reservándose para él una mayor parte del pastel del Valor Añadido. La jugada les ha salido perfecta. Nos endeudamos para recatarles y encima nos cortan nuestros derechos y capacidades para poder pagarles y subsistir.


La desigualdad es un problema inherente al capitalismo, siempre ha existido y siempre existirá en mayor o menor medida, pero ¿cuánta desigualdad puede soportar una sociedad para que la estabilidad social y la democracia no peligren?. Por eso los gobiernos deben trabajar para minimizar al máximo ese defecto del capitalismo.